La lluvia encoge la tarde distendiendo la noche que se aferra a las dos manos de un paraguas que nunca es suficiente. No es necesario mojarse entero para sentir el frío circunspecto que empapa todas las gotas empujadas por el viento que rebotan, monótonas, en la acera. A cada paso más humedad se condensa, más … Sigue leyendo La fe de los paraguas
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